Valles Pasiegos

Entorno

Valles Pasiegos

Valles Pasiegos

Una Prodigiosa Geografía

Pas, Pisueña y Mirra son las tres cuencas hidrográficas de Cantabria que definen, en su montaña oriental, al territorio pasiego: una unidad con identidad social, cultural y paisajista, no administrativa, resultado del proceso de transformación de un medio abrupto al aprovechamiento intensivo para pasto del ganado.
 
Su génesis tiene en lo geográfico mucho de aislamiento, y en lo puramente humano algo de endogamia, grandes dosis de trabajo abnegado, sacrificio, adaptación a la montaña y a sus condiciones, ingenio y frente a lo que pueda sospecharse, también un carácter innovador e industrial, independiente, libre, orgulloso, con grandes habilidades para el trato y el cambalache.
 

Hombre y naturaleza

Paisaje Cultural

 

Lo que hace especial al hábito pasiego, en el contexto de las economías y las sociedades las montañas de las cordillera cantábrica, es la génesis de su paisaje cultural, seguramente el primero de los paisajes modernos del mundo, a partir de la singular intervención humana sobre el territorio.
 
Durante los últimos cinco siglos, la insistencia de un modelo ganadero de trashumancia cercana, de aprovechamiento intensivo y orientado al trabajo con razas vacunas de aptitud lechera, gestó un paisaje de rasgos muy humanizados. Se configura en torno a dos elementos esenciales: el prado como célula del hábitat, y la cabaña como elemento básico del doblamiento disperso.

Patrimonio Etnográfico

Señas de Identidad

La cabaña pasiega es el más destacado de los elementos patrimoniales de la comarca. Casi diez mil edificios que simbolizan un modo de vida, ocupación y aprovechamiento del espacio pastoril con quinientos años de historia.
 
La cabaña es eminentemente funcional, hermética, sin apenas vanos, para guarecer con cierta comodidad al ganado. Su estructura es elemental: soportes de piedra y madera, con cubierta a dos aguas de lastras, en arenisca laminada. El interior es rudimentario, distribuido en dos plantas de escasa altura, la inferior con pesebres laterales y una división en vaciles o plazas para el ganado; la superior a modo de un espacio corrido libre de muros para almacenar hierba seca, donde en ocasiones se dispone un modesto mobiliario para el pastor.
 
El mundo pasiego guarda ricas manifestaciones antropológicas y etnográficas, no siempre enmarcadas. En la tradición montañesa. Entre ellas, por ejemplo, el más llamativo y documentado de los trajes montañeses, con el palanca y el cuévano niñero como singular complemento; manifestaciones pastoriles de transhumancia independiente y trajinaría como la muda entre cabañales, el llamado cambio de lumbre; en los deportes de salto, con o sin palanco y de lanzamiento, como el bolo pasiego; los juegos de vacas infantiles; una tradición artesana trocada en un rico elenco de aperos, donde lucen dalles y bellotas, chatarras y corazas, castañas, o cuévanos romerales y cobertores, zapatas, artesas, mantequeras… hasta un dialecto propio, más bien un castellano repleto de arcaísmos y ciertas corrupciones.

 

Del modelo ganadero tradicional

a la industria lechera

 

La economía tradicional pasiega ha girado, casi de forma totémica, en torno a la vaca lechera. Durante siglos, los ganaderos pasiegos desarrollaron conocimientos sobre la selección genética, priorizando el papel reproductor de las madres con buenas aptitudes lecheras. La vaca de raza pasiega, de lazada pequeña, esqueleto y formas finas, capa color avellana, sin ser un dechado de productividad, ofrecía una leche de excelentes principios grasos, y estuvo en el origen del ajetreo comercial de los pasiegos con quesos y mantequillas.
 
La instalación fabril de Nestlé en este valle del Pisueña, cambió el modelo ganadero del siglo XX en la comarca, favoreciendo la implantación de una vaca de mayor productividad diaria, la frisona holandesa, que mostró siempre una adecuada adaptación al clima y los pastos pasiegos.